La exposición «Castel Sant’Angelo 1911-1925. El amanecer de un museo» puede visitarse del 23 de septiembre de 2025 al 15 de febrero de 2026 en las salas monumentales del castillo.
La exposición celebra el centenario del nacimiento del Museo Nacional de Castel Sant’Angelo y está incluida en la entrada ordinaria, sin coste adicional.
La exposición sigue el horario de apertura del museo: las puertas están abiertas todos los días de 9:00 a 19:30, con última entrada a las 18:30.
El castillo permanece cerrado todos los lunes, así como el 25 de diciembre y el 1 de enero, salvo aperturas extraordinarias dispuestas por el Ministerio de Cultura.
Se aplican las gratuidades previstas por la ley y, como siempre, el primer domingo de cada mes la entrada es gratuita para todos, sin necesidad de reserva.
La entrada adquirida permite visitar tanto el castillo como toda la exposición dedicada al centenario.

Entrada al Castillo de Sant’Angelo Roma: entrada al museo y exposición incluida
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Puede anular la visita gratuitamente hasta el día anterior.
Índice
- 1 El amanecer de un museo: en qué consiste la exposición
- 2 El recorrido expositivo
- 3 El proyecto curatorial de 2025
- 4 Las secciones de la exposición y las obras principales
- 5 La dimensión documental
- 6 Museografía comparada: 1911 frente a 2025
- 7 Los espacios de la exposición
- 8 Información útil para la visita
- 9 Domande frequenti sulla mostra a Castel S.Angelo
- 10 Conclusiones
El amanecer de un museo: en qué consiste la exposición
«Castel Sant’Angelo 1911-1925. El amanecer de un museo» es mucho más que una exposición conmemorativa: es un viaje a los orígenes del Museo Nacional de Castel Sant’Angelo, un recorrido que reconstruye el momento en que el monumento —durante siglos mausoleo, fortaleza, residencia papal y prisión— comenzó a transformarse en un lugar dedicado a la cultura.
El motivo es el centenario de la fundación del museo, que tuvo lugar con el Real Decreto del 4 de mayo de 1925.
Un siglo después, el Castillo rinde homenaje a esa época fundacional recorriendo los años que van desde 1911 a 1925, un periodo crucial para la definición de su identidad moderna.
¿Por qué se llama «El amanecer de un museo»?
El título de la exposición, «El amanecer de un museo», está inspirado en la extraordinaria pintura de Umberto Prencipe, realizada precisamente para la gran exposición de 1911.
La obra, que representa una Roma aún inmersa en la tenue luz del amanecer, se ha convertido en la metáfora perfecta de ese momento histórico: una fase de transición, delicada y decisiva, en la que el Castillo Sant’Angelo dejó de ser solo un monumento y comenzó a convertirse en un museo.
¿Qué cuenta la exposición?
El proyecto expositivo, ideado por Luca Mercuri, director interino del Pantheon y Castel Sant’Angelo, con el apoyo de un comité científico específico, reúne obras, documentos, fotografías y materiales procedentes de museos italianos, archivos y los ricos depósitos del castillo. El objetivo es doble:
- recrear el ambiente de la Exposición de 1911, auténtico laboratorio de experimentación museográfica;
- mostrar cómo, en los catorce años siguientes, tomó forma la idea del museo que conocemos hoy en día.
El resultado es un recorrido que entrelaza memoria, historia e innovación, y que invita al visitante a contemplar el Castillo Sant’Angelo con nuevos ojos: no sélo come edificio monumentale, ma come istituzione culturale nata per raccontare – e custodire – la storia d’Italia.
El recorrido expositivo

Para comprender la esencia de la exposición «El amanecer de un museo» hay que remontarse a 1911, cuando el Castillo Sant’Angelo se transformó, por primera vez, en un auténtico espacio expositivo.
Es el quincuagésimo aniversario de la Unificación de Italia y Roma acoge una gran exposición conmemorativa repartida por varios puntos de la ciudad. En este clima de renovado orgullo nacional, el Castillo se convierte en uno de los lugares emblemáticos de la iniciativa.
La exposición de 1911 fue sorprendentemente moderna: no se limitaba a mostrar obras siguiendo una secuencia cronológica rígida, sino que construía un recorrido inmersivo que reunía arqueología, artes figurativas, artes decorativas, ambientaciones históricas y reconstrucciones temáticas.
Las salas que en su día fueron prisiones o cuartos de servicio se transformaron en espacios narrativos, capaces de evocar atmósferas y contar siglos de historia artística.
Esa exposición tuvo un impacto decisivo.
Por primera vez, se empezó a pensar en el Castillo de Sant’Angelo no como una fortaleza que había que proteger, sino como un lugar que había que valorizar culturalmente.
El experimento de 1911 sentó las bases teóricas y museográficas de lo que, catorce años después, se convertiría en el Museo Nacional de Castel Sant’Angelo.
La exposición de 2025 recupera precisamente ese espíritu: un laboratorio de ideas, una nueva visión, una narración que cambió el destino del monumento.
El proyecto curatorial de 2025
El proyecto se inspira directamente en la Exposición de 1911, no para reproducirla de manera filológica, sino para reinterpretar su espíritu: esa combinación de rigor científico y entusiasmo creativo que caracterizó el gran experimento museográfico de principios del siglo XX.
De hecho, la exposición de 2025 no se limita a presentar obras y documentos, sino que los dispone en un diálogo continuo con fotografías históricas, materiales de archivo y hallazgos procedentes de los depósitos del castillo, muchos de los cuales han sido restaurados especialmente para la ocasión.
El objetivo es doble: por un lado, restituir la complejidad de un período de gran efervescencia cultural y, por otro, invitar al visitante a reflexionar sobre el papel del museo en la sociedad contemporánea.
La exposición narra cómo se pasó de ser un monumento principalmente militar a una institución pública, concebida para conservar, estudiar y, sobre todo, compartir el patrimonio con un público cada vez más amplio.
El resultado es un recorrido que entrelaza memoria, investigación y visión: una celebración de los primeros cien años del Museo, pero también una forma de cuestionarse su futuro y el valor que lugares como Castel Sant’Angelo siguen representando en la vida cultural del país.

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Las secciones de la exposición y las obras principales
El núcleo de la exposición es un recorrido muy rico, construido como un diálogo continuo entre obras procedentes de importantes museos italianos, materiales históricos de 1911 y objetos conservados durante décadas en los depósitos de Castel Sant’Angelo.
Cada sección ilumina un fragmento de la historia del Museo, sacando a la luz obras maestras, documentos y testimonios que reconstruyen la identidad del Castillo en los primeros años del siglo XX.
El viaje comienza con las acuarelas de Ettore Roesler Franz, que narran una Roma en transformación.
Sus vistas, delicadas y melancólicas, muestran rincones de la ciudad que estaban desapareciendo bajo los nuevos planes urbanísticos: un homenaje a la memoria visual de una capital que cambiaba de rostro mientras nacía la Roma moderna.
Junto a él destaca el extraordinario cuadro de Umberto Prencipe, concebido precisamente para la Exposición de 1911.

La gran vista de Roma – Umberto Prencipe
La gran vista de la Roma del siglo XV, envuelta en la luz del amanecer, es la obra que ha inspirado el título de la exposición actual. Su presencia marca idealmente el umbral entre el pasado y el futuro: es el símbolo de aquel momento en el que el Castillo comenzó a imaginarse como museo.
Otra sección fundamental está dedicada a la colección Gorga, núcleo importante de la exposición de 1911.
Aquí reaparecen instrumentos musicales antiguos, objetos arqueológicos, una sugerente estela tardía con un pretoriano y las espléndidas lajas románicas esculpidas, restauradas especialmente para la ocasión.
Son testimonios del primer intento de mostrar, dentro del castillo, materiales heterogéneos capaces de narrar el arte italiano en sus múltiples formas.
El recorrido continúa con obras de gran relevancia, como Elías en el desierto, de Daniele da Volterra, procedente de los Uffizi.

Elías en el desierto, de Daniele da Volterra – Foto de Wikipedia
Un homenaje a la sección «michelangiolesca» de 1911 y un punto de conexión entre la gran tradición pictórica del siglo XVI y la museografía histórica del Castillo.
Junto a ella, la Vista del Tíber en Castel Sant’Angelo de Vanvitelli, cedida por el Palazzo Barberini, ofrece al visitante una imagen del monumento en su relación con el paisaje urbano.

Vista del Tíber de Gaspare Vanvitelli – Foto de Wikipedia
No falta espacio para la escultura, representada por una terracota de Giambologna, mientras que una sección completa está dedicada a Bartolomeo Pinelli, capaz como pocos de inmortalizar la vida popular de la Roma del siglo XIX.
Sus oficios, personajes y escenas cotidianas narran otra Roma, complementaria a la monumental.
Una de las secciones más espectaculares es la de las armas y armaduras históricas, en diálogo con la sección «hombres en armas» de 1911. Entre los préstamos prestigiosos, como las celadas del Bargello, y las obras restauradas de los depósitos, destaca una extraordinaria armadura medicea del siglo XVI, junto con el retrato de Alfonso I d’Este, figura vinculada tanto al arte como a la artillería.
La parte más intensa y simbólica del recorrido es la dedicada a Giovan Battista Piranesi.
Sus Carceri d’invenzione (Cárceles imaginarias), impresas para la exposición de 1911, dialogan con los ambientes reales en los que se custodiaba a los prisioneros del Castillo. Se trata de una sección que entrelaza imaginación, metáfora e historia, poniendo de relieve uno de los capítulos más sombríos y fascinantes de la vida del monumento.
Por último, la sección arqueológica recoge grabados de Piranesi dedicados a los monumentos antiguos y hallazgos procedentes del propio Castillo Sant’Angelo: puntas romanas encontradas cerca del Ponte Sant’Angelo, con restos de madera carbonizada, y bípedos de mármol procedentes del Mausoleo. Un retorno a los orígenes más remotos del monumento.
Este largo recorrido encuentra su síntesis en la Sala de Apolo, donde se expone la gran maqueta de 1911, flanqueada por los bustos de Adriano y Antonino Pío, en recuerdo de las raíces imperiales del castillo.
Para cerrar, como un susurro dorado, el ángel de Pietro Bracci, elegido como icono de la exposición: una presencia discreta que acompaña al visitante hacia la salida.

San Miguel Arcángel – Pietro Bracci
La dimensión documental
Uno de los aspectos más fascinantes de la exposición es la forma en que relaciona las obras con la documentación histórica.
No se trata solo de exponer cuadros, esculturas o hallazgos: la exposición reconstruye el contexto en el que estos materiales se presentaron por primera vez, sacando a la luz fotografías, guías, carteles y material de archivo que narran la Exposición de 1911 y los primeros pasos del museo.
A lo largo del recorrido aparecen imágenes históricas extraídas de las exposiciones de la época: salas repletas de objetos, paredes cubiertas de obras, una estética diferente a la de los museos contemporáneos, más densa, teatral y pedagógica.
Las fotografías, ampliadas y dispuestas a lo largo de las paredes, se convierten casi en una segunda exposición, paralela a la real: permiten al visitante comparar la obra con su «primera vida» en el museo.
El manifiesto original de 1911, expuesto en una vitrina como una reliquia laica que transmite el entusiasmo de aquella empresa cultural, desempeña un papel fundamental.
Junto a ella, la guía de la Exposición, conservada en su versión original pero acompañada de una copia anastática, se pone a disposición del público para que pueda hojearla libremente.
Es un gesto sencillo pero significativo: invita a tocar con la mano la herencia de 1911, entrando en contacto directo con las palabras y los instrumentos de una museografía naciente.
La documentación histórica no se presenta como un simple complemento explicativo, sino como parte integrante de la narración: cada fotografía o documento dialoga con las obras expuestas, ofreciendo una visión más amplia de cómo fueron interpretadas, presentadas y vividas por los visitantes de la época.
Es una forma de memoria visual y cultural que enriquece la experiencia de la exposición, creando un puente entre el pasado y el presente.

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Museografía comparada: 1911 frente a 2025
Uno de los temas más fascinantes de la exposición «El amanecer de un museo» es la comparación entre cómo se describía el arte en 1911 y cómo se describe hoy en día.
No se trata solo de una diferencia estética: es un cambio profundo en la forma de concebir el museo y su función pública.
En 1911, la exposición era densa, teatral, enciclopédica. Las salas del Castillo Sant’Angelo estaban repletas, con obras expuestas muy cerca unas de otras, organizadas según criterios temáticos capaces de generar un impacto visual inmediato.
El museo de la época tenía una misión precisa: sorprender, emocionar, narrar el nacimiento de la identidad italiana a través de símbolos poderosos, objetos acumulados y ambientes evocadores.
En 2025, el enfoque es completamente diferente. La puesta en escena de la exposición actual es más esencial y calibrada, atenta a la legibilidad y al espacio que rodea cada obra. La museografía contemporánea privilegia el diálogo entre la obra y el contexto, una narración fluida, una relación más directa con el visitante. La exposición reinterpreta 1911 con ojo crítico: recupera su encanto, pero suaviza los excesos, transformando la teatralidad en equilibrio narrativo.
Las fotografías históricas de la Exposición de 1911 contribuyen de manera decisiva a esta comparación. Son imágenes que funcionan como espejos, poniendo lado a lado el pasado y el presente. A través de ellas se puede ver cómo eran las salas hace un siglo: llenas, casi sofocantes, pero extraordinariamente elocuentes.
Hoy en día, esas mismas obras respiran en un entorno más controlado, donde la luz, los materiales y el recorrido expositivo están pensados para potenciar la lectura crítica.
Observar una misma obra expuesta en 1911 y en 2025 significa asistir a dos formas diferentes de construir un museo: por un lado, la visión del museo como «catedral laica», lugar solemne y identitario; por otro, la del museo como espacio dinámico, abierto, orientado a la investigación y al diálogo con el público.
Los espacios de la exposición
La exposición se desarrolla en algunos de los espacios más representativos del Castillo Sant’Angelo, ambientes que por sí solos cuentan siglos de historia y que hoy vuelven a cobrar vida con una nueva función expositiva.
El recorrido comienza en las Salas de Clemente VIII, donde se percibe inmediatamente esa atmósfera suspendida entre la monumentalidad y la narración que ya caracterizaba la gran exposición de 1911.

Apartamento de Clemente VII – Castillo Sant’Angelo
Desde aquí se pasa a la Sala della Giustizia (Sala de la Justicia), uno de los ambientes más sugerentes del castillo, que en su día fue sede de funciones administrativas y hoy se ha transformado en sala de museo.

Puerta de las Prisiones – Castillo Sant’Angelo
Las luces, los volúmenes y la estructura arquitectónica enmarcan una selección de obras que dialogan con la propia historia de la sala, evocando la idea de un edificio que siempre ha cambiado de función, pero que ha conservado intacto su carácter solemne.
El recorrido continúa en el Apartamento de Clemente VII, donde las decoraciones renacentistas conviven con obras procedentes de colecciones y museos italianos. Aquí se pone de manifiesto, quizás más que en ningún otro lugar, la capacidad del Castillo para adaptarse a nuevas funciones, transformándose de residencia papal en espacio cultural sin perder su identidad.
La exposición concluye en la magnífica Sala de Apolo, uno de los ambientes más emblemáticos del Castillo. Aquí se encuentra la gran maqueta del Castillo Sant’Angelo de 1911, restaurada y recolocada para la ocasión, flanqueada por los bustos de Adriano y Antonino Pío, una referencia a los orígenes imperiales del monumento.

Sala de Apolo – Castillo Sant’Angelo
En una sala lateral, casi como una aparición íntima, se encuentra el ángel dorado de Pietro Bracci, elegido como símbolo de la exposición: una presencia delicada que cierra el recorrido con una nota de gran valor simbólico.
Información útil para la visita
La exposición «Castel Sant’Angelo 1911-1925. El amanecer de un museo» se encuentra dentro del recorrido monumental del castillo y está incluida en la entrada general. Aquí tienes toda la información práctica para organizar tu visita de la mejor manera posible.
Fecha
La exposición estará abierta desde el 23 de septiembre de 2025 hasta el 15 de febrero de 2026.
Horarios
El Castillo Sant’Angelo puede visitarse de 9:00 a 19:30, con última entrada a las 18:30.
El museo permanece cerrado los lunes, así como el 25 de diciembre y el 1 de enero (salvo comunicaciones ministeriales).
Entradas
La entrada al castillo también incluye la exposición:
– Entra: 16 €
– Reducido 18-25 años: 2 €
– Gratuidad legal
– Primer domingo del mes: entrada gratuita sin reserva previa.
Dónde se encuentra
Castillo Sant’Angelo, Lungotevere Castello 50 – Roma, a pocos minutos de la Piazza Navona y del Vaticano.
Cómo llegar
Se recomienda llegar en transporte público: hay varias líneas de autobús que paran cerca, mientras que la línea A del metro (parada Ottaviano) está a unos 15 minutos a pie.
No se recomienda utilizar el coche debido a la presencia de la zona de tráfico restringido (ZTL) y al tráfico de la zona.
Contacto y reservas
– Call center: +39 06 399 671 00
– Email: info@coopculture.it
– Taquilla: compra tu entrada online
Domande frequenti sulla mostra a Castel S.Angelo
Sí, la exposición está totalmente incluida en la entrada normal. No hay costes adicionales ni entradas separadas. Compra tu entrada haciendo clic aquí.
La exposición permanecerá abierta del 23 de septiembre de 2025 al 15 de febrero de 2026, siguiendo el horario del museo (9:00-19:30, última entrada a las 18:30).
No, no es necesario reservar. Ni siquiera el primer domingo del mes, a pesar de que la entrada es gratuita, requiere reserva.
La exposición se encuentra en algunos de los espacios más significativos del castillo, entre los que se incluyen las Salas de Clemente VIII, la Sala de la Justicia, el Apartamento de Clemente VII y la Sala de Apolo.
Sí, la exposición se integra en el recorrido del museo y permite visitar tanto las salas expositivas como las áreas monumentales permanentes del Castillo Sant’Angelo.
Conclusiones
La exposición «Castel Sant’Angelo 1911-1925. El amanecer de un museo» es mucho más que un homenaje conmemorativo. Es una oportunidad para comprender cómo nace un museo, cómo se construye una memoria colectiva y cómo un monumento puede transformarse a lo largo de los siglos sin perder nunca su identidad.
Al sacar a la luz obras, fotografías, documentos y hallazgos que han permanecido durante mucho tiempo en los almacenes, la exposición ofrece una visión privilegiada de un período clave de la historia cultural italiana.
El diálogo entre las obras de 1911 y la exposición contemporánea crea una reflexión lúcida y fascinante sobre el papel de los museos: lugares de conservación, pero también de interpretación, narración y comparación.
Es una exposición que invita a ralentizar, observar y repensar el espacio museístico como un organismo vivo, en continua evolución. Y el Castillo Sant’Angelo, con su historia milenaria, se confirma como un símbolo perfecto de esta metamorfosis.

